viernes, 28 de octubre de 2016

Researching outside Academia

Originally published in medium.com.

I personally know no researcher who intends to do his job and accomplish his career goals outside academia. No one but myself. I do know about independent researchers elsewhere (not in Chile) because I read book reviews noting the affiliation of the reviewer, but have never met one in person. Academia is attractive because it assures a constant income for at least one semester, although for no other reason as far as I am able to observe.

The negative aspects of working inside academia seem to me much heavier — even overwhelming. There is the “publish or perish” problem, which has been sufficiently discussed and showcased. The issues deriving from this one and others not so well known to the public are, nevertheless, as discouraging as itself.


  1. Justifying. When working at a university or applying for funding, you are asked to justify what you aim to research. And, no, you are not allowed to answer honestly, but you are rather expected to ellaborate complicated explanations about how useful your findings will be. Then I wonder since when has research to be useful? What kind of filthy mind could ever believe that research has to be rendered useful? Research pursues no purpose other than satisfying human curiosity!
  2. Planning. You are also asked to present a detailed chronogram of how your research will progress and when will be done. I feel it nearly impossible to predict how much time I shall spend in every project. How am I supposed to report about something I am not certain? Of course I can guess how long it will take me to complete every step in a project, but guessing has little to do with academic research. So this requirement always feels like a waste of time. Ultimately, you may end up writing something that does not fills your own expectations because of the lack of time or, on the other hand, being done much earlier and feeling guilty about how little you have accomplished.
  3. Teaching. Most institutions expect you to teach students, especially undergraduates. Some will even hire you with the only purpose of teaching, so you will not get paid for doing the research these institutions ask you to have done before hiring you. It is like telling you that your worth comes from your research, but you mean nothing if you cannot spend time teaching rather than researching. So you have to fund your research and only then get “rewarded” with the possibility of teaching some lads. From the researcher perspective, however, teaching is a waste of time. Important as it is, for we need to educate the future researchers, every scholar put to teach is taken away from research. It involves not only the sessions in front of often uninterested spoiled children, but also producing documents (syllabi, tests, rubrics) and marking exams. This takes a lot of time.


These are the problems I can think of without much reflection, as immediate examples of the struggle you experience inside academia. My colleagues are all linked to at least one institution and they expect me to “settle down” in a university as well. It is tempting because of the financial stability it offers, but the consequences are far from light. Private teaching has given me, instead, a freedom they cannot dream about, albeit it does not guarantee the financial stability they enjoy. Independent research, on the other hand, lends me more freedom, more time, and less stress. I understand why they have chosen oeconomic tranquillity, but am not convinced of joining them in the castle of Akademos.

lunes, 3 de octubre de 2016

Blair Witch y el mito de Perseo y Medusa

Publicado originalmente en Hijos del Átomo.

El único aspecto interesante de Blair Witch (Wingard 2016) es que actualiza el mito de Perseo y Medusa en las escenas finales. La trama, no obstante, resulta débil y, en lugar de inspirar miedo, no hace más que causar bostezos. No hay mucho más que decir con respecto a esta película, salvo para demostrar las afirmaciones anteriores.

Como proyecto de secuela para The Blair Witch Project (Sánchez 1999), la película promete bastante. Pero toda la ilusión se desmorona a medida que avanza la historia. Uno queda con la sensación de que esta película no tiene otra utilidad que servir como puente entre la anterior y una secuencia interminable de historias en las que unas personas van a buscar a otras desaparecidas anteriormente y se convierten ellas mismas en nuevas desaparecidas: y así hasta el infinito. Esta repetición in aeternum crea, por supuesto, una atmósfera infernal; pero no en la película, sino en las vidas de los espectadores que derrochan su tiempo mirándola.

Aspectos concretos que deberían inspirar temor son el contenido de la cinta hallada por Lane en el bosque de las Colinas Negras, la caída de árboles en el mismo lugar (producto de una fuerza invisible), los símbolos colgados desde los árboles sobre el campamento, el aullido de los lobos, la aparente distorsión espacio-temporal que experimentan los personajes, la fuerza invisible que corta el cuerpo de Talia, arroja la tienda de Ashley y arrastra el cuerpo de ella más tarde, la casa abandonada en medio del bosque y la figura monstruosa que parece incorporar la fuerza invisible mencionada antes. La trama falla en cuanto a establecer un vínculo entre la fuerza invisible y la figura monstruosa. También falla en cuanto a relacionar la fuerza invisible con los eventos atemorizantes. Y falla en cuanto a mostrar claramente los efectos de las intervenciones de esta fuerza invisible. ¿Cómo va a causar miedo así?

Vemos al menos un árbol que ya ha caído, escuchamos que caen árboles (aparentemente) y vemos, por último, que un árbol cae sobre Peter: y no volvemos a saber nada de él. La poca claridad con respecto a por qué los árboles caen y la incertidumbre con respecto al destino de Peter hacen que no haya algo de lo cual asustarse.

Cuando Lane y Talia vuelven, perdidos y sucios y hambrientos, al lugar del campamento, dicen que llevan cinco días tratando de salir del bosque. Pero, aparte de su lamentable aspecto, no vemos nada que respalde esta afirmación: nada de lo que asustarse.

La fuerza invisible parece actuar sobre el árbol que aplasta a Peter, sobre el cuerpo de Talia, sobre la tienda de Ashley y sobre el cuerpo inconsciente de esta. Parece… Como no hay señales concretas con respecto a la presencia de esta fuerza ni claridad con respecto a los efectos de sus intervenciones, no hay algo de lo cual asustarse (otra vez).

En las últimas escenas, cuando Lisa y James están a solas en una habitación de la casa con la figura monstruosa acechándolos, James parece haber descubierto algo interesante: la figura monstruosa no les hará daño si no la miran a los ojos. Una condición que no se aplica durante todo el resto de la película aparece milagrosamente al final para salvar a los protagonistas supervivientes. Por supuesto, James sucumbe a la tentación de mirar, como sucumbió Orfeo con Eurídice, al escuchar la voz de su hermana Heather. Estando sola, Lisa utiliza la cámara de Lane como Perseo utilizó el escudo reflectante con Medusa para ver la figura monstruosa sin correr el riesgo de mirarla directamente a los ojos y perder la vida en consecuencia. No obstante, el mismo truco que condenó a James la condenará a ella cuando cree escuchar la voz de él.

Quizá estas escenas finales salven el honor de toda la película con sus referencias a los mitos de Orfeo con Eurídice y de Perseo con Medusa; puesto que, allí donde no triunfa la virtud, la belleza sirve como último recurso para justificar la existencia.